El último muerto de Fernando Lalana

El último muerto, la novela policial  y la parodia

 

El último muerto es una novela de “misterio e intriga policial” según la cuidada edición de Editorial Bambú… Pero al leer sus páginas se puede afirmar que es más mucho que eso. Esta obra, y todas las novelas de la saga de Fermín Escartín, pueden incluirse en el policial pero desde una perspectiva paródica, como un homenaje risueño y en cierta medida, “español”, a las novelas de detectives norteamericanas.

Si se desea conocer a Escartín es preciso detenerse en el ignoto profesor del Departamento de Hispánicas de la Facultad de Letras que deja su trabajo por “disensiones irreconciliables” con el catedrático Malumbres. El problema que le ha hecho abandonar su plaza es una postura diferente sobre el uso correcto del pluscuamperfecto del subjuntivo. Si este traspié “hubiera o hubiese” abatido al protagonista, lo habría sumergido en la más feroz depresión, sin embargo, por el contrario, despertó su vocación detectivesca. Con la “sólida” formación que otorga un curso aprendido por correspondencia, nuestro protagonista comienza a dedicarse a perseguir maridos y empleados y a investigar asuntos poco agradables.

Esta transformación en la vida del personaje constituye un rasgo propio del detective de las novelas policiales americanas: Escartín no puede incluirse en ninguna institución, al igual que Philip Marlowe. Se ha alejado de la Academia y en su nueva ocupación, actúa solo. No pertenece a la Policía ni a ninguna agencia de seguridad. Trabaja en forma privada y en solitario.

En otros aspectos de su vida, también está excluido de las instituciones, porque tampoco forma parte de la institución básica de la sociedad, la familia. Su esposa lo ha abandonado y malvive entre trabajo y trabajo, sobreviviendo, pese a su mala cabeza, gracias a la paciencia de sus amigos de “La comadreja parda”, un bar que representa todos los bares de los barrios de España donde se mezclan la calidez, la confianza y la camaradería. A diferencia del personaje de Chandler, Escartín no es cínico ni pesimista, sino que es capaz de disfrutar de las pequeñas alegrías que le deparan la buena mesa, la amistad o el azar.

En su artículo “Sobre el género policial”, el escritor y crítico argentino Ricardo Piglia compara al detective inglés con el protagonista de las novelas negras americanas. Piglia sostiene que las reglas del policial inglés se afirman sobre todo en el fetiche de la inteligencia, en “la lógica imbatible de los personajes encargados de proteger la vida burguesa”. Por ello, el investigador es un razonador puro, que defiende la ley y descifra los enigmas. Pero en la novela negra no parece haber otro criterio de verdad que la experiencia: “el investigador se lanza, ciegamente, al encuentro de los hechos, se deja llevar por los acontecimientos y su investigación produce fatalmente nuevos crímenes; una cadena de acontecimientos cuyo efecto es el descubrimiento, el desciframiento”. Y  en El último muerto se cumple paso a paso este condicionamiento ya que la desaparición que inicia el relato va creciendo hasta convertirse en una trama compleja de corrupción y muerte.

Según Piglia, la figura que define la forma del investigador privado viene directamente de lo real; es una figura histórica que duplica y niega al detective como científico de la vida cotidiana. Escartín no es meticuloso, no es organizado, pero resuelve los casos por instinto, curiosidad y una dosis importante de temeridad. En La tuneladora, por ejemplo, se dirige a la vivienda de un joven desaparecido, cuyos padres han contratado su servicio, y tras dar una vuelta por el barrio decide seguir a una joven: “Voy tras ella; no porque yo sea un tipo especialmente inclinado a seguir los pasos de las mujeres que se cruzan en mi vida; ni siquiera por mantener esa imagen indubitablemente machista que los escritores de novela negra han transmitido de mi profesión. Lo hago porque he tenido un husmo, una premonición” (p. 22).

Es ese “olfato” lo que guía su trabajo y, curiosamente, le permite resolver los casos. Y en todas las historias de Escartín aparece una y otra vez la referencia al género negro desde el humor, pero no como burla, ni como ruptura con el texto, sino como un homenaje. Según Hutcheon, la parodia es una “transgresión autorizada” porque presupone una ley y su transgresión, siendo a la vez conservadora de un status quo y transformadora del mismo. Y por eso, Lalana no rompe con la novela negra sino que le rinde un homenaje, en clave castiza y humorística porque en sus novelas el uso de la parodia permite homenajear, con humor y una dosis de nostalgia, el mundo de Hammett, Poe o Chandler.

Silvia Eva Agosto.

HUTCHEON, Linda, A Theory of Parody: the teachings of twentieth-century art forms,

New York, Methuen, 1985.

JITRIK, Noe, “Rehabilitación de la parodia”, en Roberto Ferro (ed.), La parodia en la literatura latinoamericana, Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatura Hispanoamericana, 1993.

PIGLIA, Ricardo, 1986, Crítica y ficción, Editorial Planeta Argentina S.A.I.C. / Seix Barral, 2000.

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Antes de los 18 de Mercedes Chozas

Antes de los dieciocho y la literatura para adolescentes

El trabajo del antólogo es como el del recolector experto que busca en el bosque frutos selectos para elaborar un plato exquisito. Debe revisar, comparar y escoger, dejando algunas piezas y seleccionando unas pocas. Y el valor de esta antología se encuentra en la particularidad de esta recolectora, porque su trabajo es fruto de una triple mirada: la lectora, la escritora y la profesora. Mercedes Chozas escoge los cuentos con la agudeza que le da ser una lectora experta, con la intuición de los buenos escritores y con la experiencia del aula, ya que es profesora de Lengua y Literatura desde hace años.

Antes de los dieciocho es ante todo una antología de excelentes obras literarias, de autores consagrados tan diversos como Emilia Pardo Bazán, Mario Benedetti,  Pío Baroja, Alberto Moravia o Antón Chéjov. Cada uno de los relatos merecería un comentario, una reflexión, una crítica.

Por otra parte, la obra es una selección muy adecuada para trabajar en el aula, con relatos con los que el lector adolescente se puede identificar, emocionar, reír, llorar. La pérdida de la inocencia infantil, el contacto con el mundo adulto, el despertar a la sexualidad, la relación con sus pares y tantos otros temas aparecen en la antología. Estas cuestiones, que forman parte del universo de la adolescencia, describen esta etapa vital de cambios y transformaciones. Según el psicólogo Eric Ericsson, la adolescencia, en las sociedades industrializadas, constituye una etapa de “moratoria social”, en la que el ser humano se prepara para desafíos futuros. Y, en efecto, “antes de los dieciocho”, construimos nuestra identidad y nos entrenamos para el mundo del trabajo, para construir una pareja o una familia y para adoptar un estilo de vida y un conjunto de ideas que guiará nuestras acciones.

Pero esta forma de entender la adolescencia en las sociedades desarrolladas no tiene la misma validez en otras menos prósperas donde la marginación y la desigualdad condicionan las vidas de millones de niños y los despojan de ese período vital de formación, preparación y aprendizaje. Y estos cuentos también nos muestran esta diversidad, porque como todo buen texto literario, los relatos de Antes de los dieciocho nos permiten conocer y descubrir la complejidad de nuestro mundo y de otros mundos.

Con sus particularidades y sus orígenes diferentes, los personajes del universo de esta antología tienen en común una cierta fragilidad que los une,  que los hermana. Buddy, el niño de “Una Navidad”, de Truman Capote; Pablo, el paciente de “La señorita Cora”, de Cortázar; Paloma, la jovencita desdichada del relato “De barro estamos hechos”, de Allende, o la niña de “La princesa que se andaba la nariz”, de la propia Chozas, son ejemplos de que más allá de las regiones y de sus circunstancias, todos experimentan por primera vez el encuentro consigo mismos.

Antes de los dieciocho nos invita a recorrer, de la mano de grandes autores, momentos, espacios, sensaciones que experimenta el ser humano en esos años en los que el ser humano experimenta la curiosidad, la alegría y el temor que sobrecoge a Amandine cuando cruza el jardín que limita su casa. Así, de la mano de Tournier y de otros escritores, es posible transmitir que la experiencia de la lectura puede ser una oportunidad magnífica para llorar, crecer y ser feliz.

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La princesa manca de Gustavo Martín Garzo

Algunas reflexiones en torno a La princesa manca y la narrativa de Gustavo Martín Garzo

En su artículo “Instrucciones para enseñar a leer a un niño”, que recibió el Premio de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Gustavo Martín Garzo compara los libros con un jardín secreto. El autor nos dice que, como en la novela de Burnett, las páginas de los libros son un pequeño paraíso que se haya oculto y debemos encontrar la puerta para entrar a disfrutarlo. Los futuros lectores, como la niña de la novela, necesitan la ayuda de un ser que muestre el camino, así como el pájaro conduce a la pequeña a ese jardín maravilloso.

Podemos pensar que los profesores somos ese petirrojo y buscamos llevar a los estudiantes por una senda de descubrimiento donde las palabras, las imágenes, las historias se muestren frescas, perfumadas, brillantes, como las plantas y las flores de un jardín.

Y ese pajarillo, sin dudarlo, conducirá a la jovencita al jardín escondido, así como quienes enseñamos literatura guiaremos a los alumnos al encuentro de La princesa manca, una deliciosa novela donde un relato se mezcla con múltiples relatos y nos lleva a recordar otras tantas historias que forman parte de nuestra historia literaria.

 

Esteban, un joven solitario, vive feliz en el bosque. Pero también está solo… Hasta que se produce el encuentro que trastorna la vida de todos los hombres, en todos los tiempos: el amor. Una mano, un miembro amputado, que encierra un secreto, completa la vida del solitario Esteban y ya nada vuelve a ser como antes.

Junto a este relato, nuevas historias, narradas a la luz de la lumbre se tejen en la novela. Un estudiante y dos pastores serán los encargados de contárselas a Esteban: la del mercader de sueños; la de Raquel, que se enamoró de un jabalí blanco, y la de los últimos dodos.

Pero la quietud de la vida en el bosque se verá alterada. El estudiante le roba la mano a Esteban y nuestro protagonista debe emprender un viaje para recuperarla. En este viaje se encontrará, entre otros fenómenos, un reino poblado de muchachas mutiladas, un mago llamado Archimboldo, una casa encantada y una princesa dormida…

¿Es posible no sucumbir a este encanto de lo fantástico? El lector siente la necesidad de acompañar a Esteban en este viaje donde se cruzan Las mil y una noches, los cuentos de hadas, los relatos folklóricos, la mitología y las novelas pastoriles… Cervantes, Andersen, Calderón también pueden descubrirse en fragmentos de esta obra y será función de los petirrojos que pueblan las aulas que los alumnos sean conducidos a ese jardín secreto que está esperando a sus visitantes.

En ese jardín podrán conocer otros personajes de las novelas de Martín Garzo, grandes narradores como Doña Fernanda, de Los amores imprudentes, que nos permitirán recorrer mitos, leyendas, cuentos e historias de la Biblia, algunas reelaboradas por el autor y otras tantas inventadas por Martín Garzo.

También habitan en este jardín literario las vivencias infantiles, como pueden leerse en El pequeño heredero; el encuentro con el amor, como en El valle de las gigantas; la unión del mundo de los muertos con el de los vivos, como en El hada que quería ser niña o la ternura infantil, que es capaz de vencer la fuerza destructora de los monstruos, en cuentos como El ogro sin memoria.

Adentrarnos por ese jardín maravilloso es una aventura y un descubrimiento para todos los lectores que, como la niña de la novela de Burnett, acepten la invitación del petirrojo.

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Apocalipsis Z

Apocalipsis Z: el terror que atrae y entretiene

 

Los cuentos y novelas de terror tienen ejércitos de lectores, tan grandes como los de los zombies que invaden el mundo en Apocalipsis Z. El principio del fin, la primera novela de la trilogía de Manel Loureiro. Pese a que ciertos críticos no suelen ser bondadosos con el género y algunos incluso lo consideran “menor”, “comercial” o “fuera del canon”, el terror aparece desde siempre en la historia de la literatura. Tanto en los relatos clásicos como en los cuentos populares o en las narraciones de escritores de la talla de Poe, Cortázar o Bioy Casares, el género ha sido cultivado por autores de todos los tiempos. Lovecraft (1973), gran admirador de Poe, afirma que no existe una emoción humana más antigua e intensa que el miedo.

El ser humano experimenta placer al enfrentarse con esta sensación y por ello la lectura de historias terroríficas nos proporciona cierta gratificación como lectores. Nos sentimos amenazados por un sinnúmero de situaciones como la muerte, el enclaustramiento o la locura; por fenómenos naturales, como los terremotos o las tormentas; por animales salvajes e incluso por fuerzas sobrenaturales… Todos estos elementos aparecen en los relatos de terror, que nos enfrentan con esos miedos ancestrales y fascinan, aterran y encantan. En las historias que nos atemorizan buscamos el valor necesario para superar ese miedo, para enfrentar a las fuerzas siniestras que nos amenazan y nos acechan.

Un joven abogado gallego, sin más armas que su blog y su ingenio, se transforma por azar en un héroe que debe combatir a los no muertos que han invadido el mundo por causa de un virus, originado en Rusia, y que ha infectado a millones de personas en el mundo. El protagonista de Apocalipsis Z. El principio del fin decide escribir para no morir y a través de un relato minucioso y desgarrado confabula las fuerzas siniestras que lo rodean. Transformando el terror en valor, utilizando la inteligencia y el sentido común, busca salvar su vida y la de su gato Lúpulo, el único vínculo que lo ata a un mundo que ya ha desaparecido.

El letrado, cuyo nombre se desconoce en esta primera novela de la saga, cuenta en tiempo presente sus sensaciones, sus dudas y sus miedos. Todo lo que conocía ya no existe. No hay contacto con familiares, ni con amigos ni vecinos. Ya no quedan “Puntos seguros”, no hay ejército, ni estado, ni ley. Impera el terror que provocan cientos de miles de zombies que no alcanzan a descansar en paz y siembran el pánico entre los pocos supervivientes de un mundo destruido.

¿Qué hacer entonces? ¿Salir de esa suerte de refugio en que se ha transformado su casa o quedarse inmóvil hasta que no haya comida, ni bebida, ni posibilidad de sobrevivir? El contacto con el afuera es tan riesgoso como necesario, y finalmente, el protagonista sale del encierro y se enfrenta a las hordas de seres fragmentados, mutilados, rotos. Seres sin alma ni conciencia, cuyo único fin es matar.

En su intento desesperado por encontrar a otros seres humanos, el protagonista de la novela pone a prueba sus propios límites, se transforma y se convierte en un soldado de un ejército liderado por sí mismo. Finalmente, logra contactar con otros humanos y cuando piensa que está a salvo se da cuenta de que ese mismo encuentro lo lanza, sin piedad, a enfrentarse nuevamente con las criaturas infernales de las que había logrado huir.

Nuevos cruces se sucederán entonces con los no muertos, momentos de angustia, tensión y muerte, descritos por el autor con detalle y precisión. Gemidos, mutilaciones, putrefacción se suceden en el blog de este abogado gallego que debe enfrentarse a lo desconocido solo por alcanzar un sitio seguro en un mundo que ha dejado de ser un hogar para los seres humanos.

Y esta novela que entretiene, aterra y atrapa muestra con crudeza que el mundo que habíamos conocido ya no existe. No hay sitios seguros, estamos huérfanos, solos y en peligro. En este universo donde reinan los zombies solo hay destrucción y muerte. “Los vecinos no fueron informados y tan solo pudieron ver el rastro de sangre provocado por las amputaciones de pies y manos”, leemos con horror. Pero no se trata de un fragmento de la novela de Loureiro sino de un artículo del diario El País que narra la situación en Mali, donde hay una cruenta guerra civil. Y estas amputaciones no son fruto de la acción de los zombies, ni de los terremotos, ni de las fuerzas sobrenaturales. Son fruto de la acción humana.

En una de sus tantas expediciones, el protagonista de Apocalipsis Z llega a una casa y observa una escena desgarradora: una madre muerta, con indicios de suicidio, un bebé zombie en una silla, atado. El abogado comprende que la madre se quitó la vida porque no fue capaz de matar a su hijo, infectado por el virus y transformado en un no muerto. Entonces, por piedad, aprieta el gatillo y el bebé descansa finalmente.

La crueldad de la escena, sin embargo, es compasiva si tenemos en cuenta un suceso reciente en ese mismo paisaje gallego. Sin zombies. Dos padres fueron condenados, acusados de acabar con la vida de su hija adoptiva.

Sólo con leer la prensa es posible afirmar que la mejor novela de terror produce menos escalofríos que los hechos cotidianos. Será por ello que es un género que atrae y entretiene y habla de los espacios más oscuros y silenciados de la condición humana.

Silvia Eva Agosto. Profesora de Lengua castellana del Ies Giner de los Ríos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reencuentro de Fred Uhlman

La obra

Reencuentro (1960) de Fred Uhlman es una novela corta de cuya lectura podemos disfrutar a cualquier edad, puesto que los temas tratados son universales. Ha sido un éxito literario y un referente de la literatura crítica con el holocausto nazi.
El autor, un alemán de origen judío, tuvo que abandonar su país por miedo a la persecución nazi, fundó la liga libre para la cultura y sufrió en su propia biografía las lacras de uno de las grandes lacras de la sociedad contemporánea: el dolor y el sufrimiento de la persecución y el exilio.

Sinopsis

Dos jóvenes de dieciséis años son compañeros de clase en la misma selecta escuela de enseñanza media. Hans es judío y Konradin, un rico aristócrata miembro de una de las más antiguas familias de Europa. Entre los dos surge una intensa amistad y se vuelven inseparables. Un año después, todo habrá terminado entre ellos. Estamos en la Alemania de 1933, y, tras el ascenso de Hitler al poder, Konradin entra a formar parte de las fuerzas armadas nazis mientras Hans parte hacia el exilio. Tan sólo muchos años después, instalado ya en Estados Unidos, donde intenta olvidar el siniestro episodio que los separó amargamente, y en principio para siempre, «reencuentra» Hans, en cierto modo, al amigo perdido.
La amistad, la guerra, las presiones familiares, las insalvables diferencias sociales y el inesperado y sorprendente desenlace final en el que se desvela la auténtica personalidad de Konradin, constituyen el fondo de una novela que no se puede dejar de leer y te sobrecoge y conmueve en los últimos párrafos.

¿Por qué es una lectura recomendable?

El tono intimista, melancólico y verosímil con el que trata el autor la amistad entre adolescentes traza un relato difícil de olvidar. Los acercamientos, recelos y separaciones de muchachos que no se volverán a ver porque las experiencias vividas han dejado una honda huella en una edad tan delicada, me han causado una honda impresión. También quiero destacar la conmoción de sufrir la amenaza de una guerra que supone el cambio de vida que se experimenta cuando la única salvación es huir o sacrificarse. Los efectos devastadores de la crueldad que supuso Hitler son evidentes en la novela, la denuncia está servida.
La recomiendo a mis alumnos y espero que su lectura produzca las buenas vibraciones y el interés que yo he experimentado.