El sueño de un maniquí…

A continuación podéis leer una serie de relatos escritos por alumnos de 3º y 4º de ESO de nuestro centro en el taller de escritura creativa que realizamos en el Matadero de Madrid. Estos talleres incluían una serie de actividades encaminadas a despertar la creatividad e imaginación de nuestros alumnos (taller de teatro, audiovisual, música…) Fueron realizados dentro de las actividades extraescolares programadas por el Departamento de Lengua y Literatura castellana. Todos los relatos llevan el mismo título ya que, los alumnos, partían de un disparador común: una imagen de la que parten los relatos. Es muy curioso ver resultados tan diferentes partiendo de un mismo punto.

El resultado fue increíble en todas las modalidades y supuso una experiencia muy enriquecedora para alumnos y profesores. Aquí tenéis los resultados del taller de escritura. Una maravilla. !Disfrutadlos!

EL SUEÑO DE UN MANIQUÍ

Por fin es de día. Mi dueña abre la verja y entra. Las luces de Madrid se apagan para dar paso a la luz del día. Todavía no se ve mucha gente por la calle, es bastante temprano.

Mi dueña debe de haber terminado de colocar las cosas dentro de la tienda, porque noto que se va acercando. Como me gustaría girarme por mi mismo. Noto que mi dueña me empieza a mover ¿me irá a poner algo de ropa? Llevo muchos días desnudo, tal vez por eso nadie se fija en mí cuando pasa por delante. Me pasa por encima una camisa y ahora un jersey y un abrigo, por último una bufanda. Empieza la época en la que los humanos sienten algo llamado frío, por eso llevan toda esta ropa.

Ya empieza la gente a salir de sus casas, como siempre las primeras que veo es salir del portal de enfrente son una niña con su madre ¿a dónde irán? La madre parece muy preocupada. Acaba de llegar un coche de policía, suelo verlos pasar, pero nunca a esta hora, ni parados, que extraño. Suben por el portal dos policías, la madre y la hija se van. Tal vez ha pasado algo. ¿Será por el graciosito que meó delante del escaparate? Me gustaría poder hablar para decirles a los policías lo que me enseñó ese desgraciado.

Ah, mira, ya salen del portal. Llevan esposado a un hombre, es el marido de la mujer que ha salido antes, le he visto salir muchas veces, pero solo le he visto dos acompañando a su mujer y a su hija. Oigo a mi dueña refunfuñar, seguro que sabe lo que ha pasado “Mientras unos joroban ellas resisten” es lo último que escucho antes de que se meta en el almacén. Un par de pájaros vuelan delante de mí y se posan en la acera. ¡Qué bonito sería volar!

Desde la acera veo un maniquí, inmóvil con los brazos en jarra. Vuelo un poco hacia un lado buscando algo de comida, pero en esta acera no hay nada. Mi acompañante se eleva hasta la cima de una farola y me llama piando.

Emprendo yo también el vuelo, aunque no me paro en la farola, sigo volando. Amo la sensación del viento sobre mis plumas. Me elevo y me sigo elevando aún más alto, voy a la par que las nubes. Me sigo elevando, quiero alcanzar el sol ¡estoy a punto de conseguirlo! Pero me temo que los sueños no duran para siempre. Vuelvo a estar en el escaparate, inmóvil, sin vida, mientras veo como se alejan los pájaros.

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Y con aquel chirrido característico, se abre la cortina de metal. Ya puedo ver la calle. Está todo oscuro, porque es invierno y aún no ha amanecido. ¿Qué ropa llevo hoy? ¡Oh, dios mío, qué vergüenza! ¡Se les ha vuelto a olvidar ponerme ropa! Si pudiera me ruborizaría. Por lo menos, apenas hay gente por la calle y nadie puede ver mi penoso estado. Mira a Louise, con su ropa inmaculada, riéndose de mi. ¡Pues al menos a mi no me utilizaron para exhibir un pijama! Vaya, por fin llega el dueño. A ver qué me pone hoy.   …   Bueno, no está mal. Unos vaqueros y un abrigo. Ah, pero espera… Vale, me acaba de poner en la pose más ridícula del mundo. Menos mal que no se me puede cansar el brazo. Y por fin empieza a venir gente. Oh, no, un grupo de niños. Compadezco a las maniquíes de dentro. Los niños ya han empezado a gritar y correr por ahí. Y mientras unos joroban, ellas resisten. Bueno, en fin, no puedo hacer nada por ellas. Lucho por girar la cabeza para ver al único maniquí masculino de la tienda. Brian, se llama. ¿Qué llevará hoy? Me lo estoy imaginando con unos pantalones ajustados y una camisa que no deje mucho a la imaginación. ¿Y si todavía no le han puesto la ropa? Agh, pero sorpresa, ¡plástico! No me puedo mover. Bueno, al menos hoy puedo mirar por la ventana. En frente de nuestra calle hay unos bloques de pisos. Generalmente son de color crema, pero hoy pareces grises. Unas densas nubes negras cubren la ciudad. Qué bien, me gustaría que lloviera. Una fila de árboles decora la calle, aunque poco hacen ahora en invierno. Parecen unas manos esqueléticas saliendo de la tierra. Buff, que escalofrío mental. Cruzando por el paso de cebra, veo a una niña. Está llorando, y su llanto me partiría el corazón en el caso de que tuviera uno. Lo que daría ahora mismo por acercarme a ella y consolarla. Un momento… se está acercando hacia aquí. Se ha parado frente al escaparate. ¡Me está mirando! ¡Oh, dios, me está mirando! Ha parado de llorar. Y me está sonriendo. De pronto noto un tirón dentro de mi, y cuando vuelvo a abrir los ojos… me veo a mi. Tras el cristal. Eh, espera, ¿he abierto los ojos? Veo a una mujer corriendo hacia mi. Me coge de la mano. Está caliente y blandita. Me dice que no me vuelva a alejar sola, y empieza a caminar. Yo camino con ella. Miro hacia atrás y vuelvo a ver mi cuerpo de plástico. Desde aquí fuera parezco patética. La silueta de la tienda se va haciendo más pequeña hasta que desaparece. Mamá me lleva a un parque. Me río y juego con los patos.Me maravilla el tacto de la hierba. Me maravilla el sabor del aire. Un perro se acerca corriendo, con las orejas ondeando. Me da miedo. La niña llora. Yo lloro. Mamá me abraza. Después me ofrece un brick con una pajita, y yo bebo. El líquido que llega a mi boca es la cosa más dulce que jamás he probado. Es lo mejor. Lo disfruto, con ganas de llorar de pura alegría. Pero entonces noto un movimiento en uno de mis brazos de plástico. Siento de nuevo el tirón. Y ya no abro los ojos, simplemente veo. El dueño me está moviendo de lugar. Noto el frío cristal frente a mi. No quiero. No otra vez. No…

                                                                                                     Gloria Tamames, de 3ºA

16:00. Ya ha llegado Víctor. Enciende la luz. Comprueba la caja. Va a cambiarse. No me hace falta verle para adivinar su rutina. Por fin se fija en mí. Me cambia el gorro y abre las puertas a la gente.Cambia el cartel de cerrado a abierto. En plena Gran Vía, puedo ver a muchísima gente pasar por delante a través de este escaparate. Veo niños y abuelos, perros y pájaros. Pero sobre todo, veo hombres y mujeres dirigiéndose a trabajar. Y no todos trabajan honradamente, también veo muchos ladrones. La gente no se fija, pero de repente ¡PUF! ya no tienen cartera. Me siento tan frustrada e impotente…
20:00. ¡Anda! Un niño me ha visto. Y no me refiero a mi ropa o a mis tacones. Me ha visto a mi. Es más, yo me he visto a mi. Veo la tienda desde fuera. Se llama HyM. “Nunca lo hubiese averiguado”. ¿Cómo he conseguido salir de la tienda y mover la cabeza por mi misma? Me miro las manos. ¡Puedo moverlas! En el reflejo del escaparate veo mi cara. Soy el niño que me estaba mirando hace un momento. Desconcierto y libertad, dos adjetivos que pasan por mi mente para describir mi estado de ánimo. Hay follón al fondo de la calle, una manifestación de feministas. Me acuerdo de los ladrones. Tiene narices, mientras unos joroban, ellas resisten. ¿Podré caminar? ¡Sí! Había visto a la gente hacerlo, pero nunca había podido probar. Veo a un mendigo. Suele haber bastantes por aquí. Rebusco en mi bolsillo y le tiendo uno de esos billetes que vuelven locos a los humanos. Me mira con unos ojos llorosos y una sonrisa espléndida… ¡Anda! Está anocheciendo. MI cuerpo (el del niño) tendrá que volver a casa. Me coloco enfrente de mi (que irónico) y no puedo evitar reírme. Es muy agradable. Miro directamente a los ojos de mi auténtico cuerpo. Ha sido bonito. 
                                                                                               Daniel Ochoa Gracia, 4ºA